La mujer del burdel

Por Helen London

En la antigüedad, una niña nació sosteniendo un símbolo wan en su mano derecha, por lo que sus padres la llamaron Wan Ru. Cuando crecía, Wan Ru fue secuestrada y traficada a un burdel en el área del río Qinhuai.

Odiaba este lugar y sentía que era una mancha que tenía en ella. Cada vez que alguien la violaba, o golpeaba su cuerpo desahogando ira u odio, su corazón se estremecía.

Muchas veces pesó en suicidarse, pero nunca tuvo el coraje de quitarse la vida.Todos los días antes de quedarse dormida, Wan Ru se sentaba en silencio, escribía el nombre de Buda 100 veces y dibujaba el simbólo wan.

Una premonición de desastre en el burdel

Una vez, durante varios días seguidos, soñó con fuegos furiosos en el cielo y el sonido de la gente siendo miserable, estas pesadillas la despertaban en medio de la noche, pero no las tomaba como simples sueños.

Le contó a sus compañeras de que pronto habría un incendio en el burdel y que deberían ir planeando algunas cosas con anticipación para evitar cualquier desgracia.

Sin embargo, todas las personas a las que le contó se rieron de ella. Cuando se dio cuenta de que sus amigas no la escuchaban, preparó en silencio lo necesario para estar lista ante una emergencia.

Todos los días antes de acostarse, preparaba una olla entera de agua y la dejaba cerca.

Una noche, Wan Ru tuvo dificultades para dormir, y daba vueltas y vueltas, así que se levantó y se sentó sola frente a la ventana, cantando el nombre del Buda.

Cuando de repente levantó la vista, vio fuego ardiendo fuera de la ventana y despertó a todos en pánico. Se escucharon voces asustadas y mientras la dueña del burdel estaba ocupada apagando el fuego, Wan Ru tomó en silencio las cosas que había preparado antes y aprovechó la oportunidad para escapar del edificio.

El convento de monjas

Wan Ru corrió durante varios días y llegó a un lugar lejano. Un día, cuando estaba cansada de caminar, vio a unas monjas lavando y buscando agua a la orilla del río mientras ofrecían agua para beber.

De pie en medio de la montaña, escuchó una campana, ese suave sonido la hizo sentir serena y a gusto, en ese momento su corazón entendió lo que sucedía. Así nació la idea de convertirse en monja, las siguió y se unió a ellas desde ese día en adelante.

En el convento, todos los días, además de limpiar el edificio, llevar agua y cocinar, meditaba y recitaba las escrituras budistas.

En el convento, todos los días, además de limpiar el edificio, llevar agua y cocinar, meditaba y recitaba las escrituras budistas. Después de estar lejos del mundo, su corazón se purificó, pero todavía tenía algunas dudas que no podían resolverse.

Por ejemplo, a menudo pensaba:

«Cuando el cuerpo está sucio, se puede limpiar lavándolo. Pero si el corazón es impuro, ¿qué se puede hacer para limpiarlo a fondo?»

Era extraño: cada vez que era su turno de bajar la montaña para obtener agua, había un repentino aguacero de lluvia con granizo golpeando su cuerpo tan fuerte que le dolía. La lluvia y el granizo cesaron con el tiempo.

Wan Ru siempre regresaba al convento de monjas con su ropa mojada, cargando agua y pisando el camino fangoso de la montaña con una dificultad increíble.

Después de muchas repeticiones, las monjas comentaron que al ser una mujer que antes estuvo en un burdel, naturalmente, sus pecados eran profundos y sus virtudes eran superficiales, por lo que a menudo incurria en la ira de los dioses y budas.

‘Agua pura’

Wan Ru se mantuvo firme y continuó cantando sutras budistas y meditando como siempre lo había hecho. Ella solo creía que había una razón para todo, desde que practicó el budismo, consideró todas las causas y efectos durante el proceso como las mejores bendiciones.

Por lo tanto, usó su gran paciencia para integrar todas las incertidumbres durante la práctica.

Cuando el artista levantó la vista, vio a una Bodhisattva de pie en el aire, sosteniendo un jarrón purificador, sacando una rama de sauce y vertiendo agua purificadora sobre la monja. (Imagen: Ctbfoto vía Dreamstime)

Un día, unos años más tarde, un artista escaló una alta montaña para crear una pintura. Ese día, Wan Ru bajó la colina para obtener agua. De repente, hubo una fuerte lluvia y el pintor corrió a un pabellón cercano para escapar de ella.

Después de tantos años, Wan Ru estaba acostumbrada a la lluvia y el granizo, y su mente ya estaba tranquila y silenciosa. Sin embargo, en lo profundo de su corazón estaba la alegría de que el agua desarraigada del cielo siempre pudiera limpiar su cuerpo.

En la bruma de la lluvia, el artista vio a una monja cargando agua y caminando constantemente. Cuando levantó la vista, vio a una Bodhisattva de pie en el aire, sosteniendo un jarrón purificador, sacando una rama de sauce y vertiendo agua limpia sobre la monja.

El pintor estaba tan asombrado por lo que vio que comenzó a adorar a la Bodhisattva repetidamente. Entendió que la lluvia era principalmente para limpiar a la monja.

Después de que la lluvia se detuvo, el artista rápidamente dibujó la escena que tenía en su memoria y la inscribió con el título: Agua pura. Una vez más, como desde el momento en que vió la escena, ¡sintió una profunda sensación de alivio!.

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