Armas del Estado: Instalaciones psiquiátricas en China

Por Rory Karsten

Para lograr el anhelado control total, un régimen comunista no tiene límites a la hora de utilizar cualquier medio para conseguirlo. Hay muchos casos en la historia que podrían usarse como ejemplo, entre ellos la atención médica manejada como un arma por el Estado, este es el caso de las instalaciones psiquiátricas, donde personas son encerradas, torturadas y eliminadas cuando no cumplen el objetivo del gobierno.

La información que leeras a continuación es totalmente cierta, incluso puedes investigar por tu propia cuenta, y te darás cuenta, que en pleno siglo XXI estamos viviendo un genocidio que en su amplitud es ocultado por el poder.

En la República Popular China se dan dos ejemplos continuos:

  • En primer lugar, la extracción de órganos llevada acabo por el Estado y dirigida a las minorías, principalmente a los practicantes de Falun Gong, para abastecer un comercio de trasplantes de mil millones de dólares.
  • Por otro lado, se encuentra el abuso de los centros psiquiátricos utilizados para someter a los disidentes y activistas, tal y como destaca un reciente informe del grupo de derechos humanos centrado en China Safeguard Defenders.

Para este segundo ejemplo, el informe «Drugged and Detained: Las prisiones psiquiátricas de China» investiga cómo el régimen hace desaparecer a los críticos del gobierno, mediante la hospitalización forzada en centros psiquiátricos sin motivos médicos.

El resumen del informe dice lo siguiente:

» Ankang, es el sistema de prisiones psiquiátricas gestionadas por la policía que se puso en marcha en la década de 1980, en la actualidad la mayoría de las víctimas son encerradas en pabellones psiquiátricos normales, lo que significa que los médicos y los hospitales se confabulan con las autoridades para someter a las víctimas a ser hospitalizados involuntariamente y a recibir medicación forzosa que no son necesarias desde el punto de vista médico.

Hace diez años, China aprobó una nueva «Ley de Salud Mental» destinada, en parte, a prevenir este abuso, y añadió que la Ley no ha funcionado, ya que la policía local y los agentes del gobierno siguen practicando de forma rutinaria y generalizada el abuso político de la psiquiatría en toda China.

Hemos utilizado más de 140 fuentes secundarias, la mayoría entrevistas con víctimas y familiares entre 2015 y 2021. Estos datos son solo la punta del iceberg».

La extracción de órganos llevada acabo por el Estado y dirigida a las minorías, principalmente a los practicantes de Falun Gong, abastece un comercio de trasplantes de mil millones de dólares. (Imagen: Maximbg vía Dreamstime)

Activistas y denunciantes en China son enviados a centros psiquiátricos

Hubieron informes anteriores como Dangerous Minds: Political Psychiatry in China Today and its Origins in the Mao- (Mentes peligrosas: psiquiatría política en China hoy y sus orígenes en Mao).

Este fue publicado en 2002, y arrojó algo de luz sobre lo que ocurre en los Ankangs de China, lo que de algún modo presionó al régimen para que se produjera un cambio y dió lugar a la mencionada Ley de Salud Mental.

El informe de Safeguard Defenders afirma que el abuso político de la psiquiatría en China sigue produciéndose y que las medidas que el régimen ha tomado para acabar con él no han supuesto ninguna mejora sustancial.

El informe dijo:

«El PCCh [Partido Comunista Chino] sigue enviando a activistas y demandantes a centros psiquiátricos, donde se enfrentan a toda una serie de abusos contra los derechos humanos, como detenciones arbitrarias, palizas, medicación forzada, terapia electroconvulsiva y encarcelamientos repetidos.

Los testimonios de las víctimas que aparecen en [el] informe describen tanto el abuso psicológico como el físico; en un caso, esto llevó a la pérdida de vidas … Efectivamente, la policía sigue utilizando el sistema ‘Ankang’ para castigar convenientemente y eliminar a los activistas y demandantes de la sociedad sin la molestia de pasar por un juicio».

Entre las víctimas encerradas en centros psiquiátricos, el 80 por ciento eran personas que hacian demandas al estado, el 14 por ciento eran activistas y el 6 por ciento eran descritos como otros. De esas personas, un 66 por ciento no tenía evaluación psiquiátrica.

El informe expone tres razones por las que el PCCh utiliza las instalaciones hospitalarias para silenciar a los críticos:

  • Los silencia: es decir, encerrados, no pueden hacer peticiones, protestar o hablar con los medios de comunicación.
  • Actúa como elemento disuasorio: la hospitalización involuntaria es una experiencia aterradora; el miedo puede hacer que dejen de hacer peticiones o protestar después de ser liberados.
  • Los estigmatiza: se les desacredita y aísla de los demás con esta falsa etiqueta de «enfermedad mental».
Entre las víctimas encerradas en centros psiquiátricos, el 80 por ciento eran personas que reclamaban al Estado, el 14 por ciento eran activistas y el 6 por ciento eran descritos como otros. De esas personas, un 66 por ciento no tenía evaluación psiquiátrica. (Imagen: Sudok1 vía Dreamstime)

El informe también ofrece algunos antecedentes históricos sobre la evolución del sistema Ankang:

«El Partido Comunista Chino (PCCh) siempre sospechó de sus críticos, ya sean intelectuales, activistas, seguidores religiosos o denunciantes, y buscó formas de controlarlos y reprimirlos.

Hay abundantes pruebas y una de ellas es la internación involuntaria en un centro psiquiátrico sin justificación médica.

Durante las primeras décadas tras la fundación de la República Popular China en 1949, los objetivos políticos fueron diagnosticados regularmente como dementes e internados en hospitales penitenciarios. Esto consagró la creencia oficial, tomada de prácticas similares en la entonces Unión Soviética, de que cualquiera que sostuviera una ideología contraria a la del PCCh debía padecer una enfermedad mental».

El informe de Safeguard Defenders, publicado el 16 de agosto, recibió la cobertura de varios medios de comunicación, incluido un editorial de The Washington Post.

La ONG con sede en Madrid se creó a finales de 2016 después de que su director, Peter Dahlin, abandonara China tras haber sufrido él mismo abuso por parte del Estado comunista.

Anteriormente, en 2009, había cofundado una pequeña ONG de derechos humanos llamada China Action en Beijing, hasta que el Estado la cerró en el marco de una ofensiva más amplia a principios de 2016.

Dahlin estuvo detenido durante 23 días en la llamada cárcel de Vigilancia Residencial en un Lugar Designado, o RSDL, y se le obligó a hacer una confesión falsa en la televisión estatal.

A continuación puedes ver la entrevista de China Unscripted con Dahlin realizada en 2020.

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