Las amables palabras de una rehén hicieron que su secuestrador la liberara

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Kathy McWilliams
Kathy creció en los suburbios de Melbourne, donde todavía vive. Tiene dos gatos locos que le hacen compañía y la hacen reír cada día. Su comida favorita es la pasta y le encanta cocinar. Kathy es una apasionada defensora de los derechos humanos y cree que cada acto de bondad marca la diferencia en el mundo, aunque sea algo tan simple como sonreír a un desconocido. Kathy encuentra esperanza e inspiración en la escritura de historias que ayudan a llevar la compasión y la comprensión al mundo.

Esta es la historia de cómo las amables palabras de un rehén cambiaron el corazón de un ladrón, y él la dejó ir.

El asaltante ya había estado en la cárcel por robar una pequeña caja de seguridad. Luego de cumplir su condena, no aprendió la lección y robó un banco, metiéndose nuevamente en problemas y lamentablemente acabó matando a una mujer, antes de escapar, tomó a otra mujer como rehén y se dio a la fuga, golpeando a algunas personas y puestos de la calle mientras la policía lo perseguía.

Ni tan cerca, ni tan lejos en historias de vida

La joven secuestrada acababa de graduarse de la universidad y había conseguido su primer trabajo en un banco. Sus padres habían muerto cuando ella era joven y su hermano mayor la crio vendiendo su sangre para pagar su educación.

Sólo llevaba unos días en su nuevo trabajo cuando el banco fue asaltado y ella fue tomada como rehén. ¿Sobreviviría a esta tragedia?

La policía en el momento del robo, acorraló al desesperado asaltante y a su rehén, gritándole que se rindiera.

Él ladrón gritó: ”

“Ya he matado y pagaré con mi propia vida;  ¿qué importa otra?”

Le pasó el cuchillo por el cuello hasta el punto de hacerla sangrar. Ella comenzó a llorar, sabiendo que podía morir a manos de ese criminal.

Él preguntó:

“¿Tienes miedo?”

Ella negó con la cabeza y dijo:

“Sólo lo siento por mi hermano. Lo estoy defraudando”.

“¿ Tu hermano?”, preguntó el hombre.

“Sí”, dijo ella. “Mis padres están muertos y mi hermano me crio. Vendió su sangre para pagar mi educación. Tuvo que enviar regalos para que pudiera conseguir mi trabajo. Tiene 28 años y todavía no puede casarse. Tienes más o menos la misma edad que él”.

Fue en ese momento que el cuchillo del ladrón dejó de apuntar al cuello de la joven.

Su hermano vendió su sangre para ayudar a pagar sus estudios. (Image: Anna Jurkovska via Dreamstime)

Hizo un esfuerzo tremendo y le dijo:

“¡Realmente eres muy afortunada!”.

La policía todavía estaba hablando con él, tratando de convencerlo de que se entregara, pero el atacante no escuchó nada, ya que estaba demasiado concentrado en la historia del hermano de la joven.

Tenía una pistola y un detonador junto con el cuchillo, pero en ese momento, su necesidad de hablar con alguien era más importante que sus armas.

Sus historias eran muy similares: tenía una hermana menor a la que había criado después de la muerte de sus padres. Él había recurrido al crimen para pagar su educación, pero siempre le había ocultado la verdad: ella no sabía que él era un criminal.

El ladrón libera a su rehén tras su relato y sus palabras bondadosas

La joven siguió contando su historia, llorando mientras le decía al ladrón que le vino su período cuando tenía 13 años y que su hermano tuvo que ir a buscar a una joven para que la ayudara.

El ladrón miró a la policía que los rodeaba y luego miró a su rehén. De repente, sintió que el mundo era un lugar hermoso al escuchar sus palabras, pero ya era demasiado tarde para él.

Tras escuchar su historia, el ladrón sintió de repente que el mundo era un lugar hermoso después de escuchar sus amables palabras, pero al ver a la policía que los rodeaba, pensó que era demasiado tarde para él. (Image: Viorel Margineanu via Dreamstime)

Le entregó su teléfono y le dijo:

“Llama a tu hermano”

Ella estaba tranquila mientras hacía la llamada, sabiendo que probablemente sería la última vez que hablaría con él:

“Hermano, estás en casa. ¿Has comido ya? Tengo que trabajar horas extras, así que llegaré tarde…”

Esta conversación le recordó a su propia hermana y el amor que se tenían.

Mirándola y escuchando la conversación, sintió que su propio corazón se rompía y le gritó:

“¡Será mejor que te vayas! Date prisa, podría arrepentirme de esto en un minuto”.

La joven salió del auto, caminó unos pasos y lo miró.

Cuando llegó a la zona de seguridad, oyó un disparo. Miró hacia atrás y lo vio desplomado sobre el volante. Se había disparado. Cuando la gente le preguntó después qué había dicho para convencerlo de que la dejara ir, ella dijo:

“Hermano, hace frío afuera, asegúrate de ponerte más ropa”.

Todos tenemos una naturaleza divina en nuestro interior, y esto incluye a los delincuentes. Si dejamos que la compasión llene nuestros corazones, a veces unas pocas palabras amables o un gesto de cariño pueden cambiar el mundo y nuestra realidad.

 

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